Probablemente todos y todas nos hemos enterado de algún modo de la problemática del feminicidio en Ciudad Juárez. La palabra feminicidio nos trae imágenes de violencia extrema contra mujeres: violación sexual, tortura, asesinatos de mujeres.

Frente a esto, de manera consciente o no, cada quien elabora una explicación que permite, más o menos, incorporar esta experiencia en su vida cotidiana. La primera vez que viajé a Chihuahua y conocí a Norma Ledezma me tocó viajar con ella en un taxi desde el hotel a la casa en donde iba a realizar entrevistas con algunas familiares. En el trayecto hablamos con el taxista sobre el reciente asesinato de una muchacha. El taxista dijo: “eso les pasa a las que andan metidas con el narco, si uno no se mete en eso, no le pasa nada” y Norma respondió “no se crea, a mí me mataron una hija”.

Pensé en cuántas veces, Norma y otras madres de mujeres desaparecidas y asesinadas, habrán enfrentado situaciones parecidas en su vida cotidiana. Pensé en la entereza de Norma para reivindicar a su hija cada vez que fuera necesario. Pero sobre todo, traigo a colación esta anécdota porque aquel taxista, miembro de una comunidad, nos presentaba una especie de teoría sobre el feminicidio: las mujeres asesinadasalgo habrán hechoen algo se habrán metido.

Coordinación: Juan Carlos Gutiérrez Contreras

Investigación: Ximena Antillón Najlis

Primera edición: 2009

 

 

 

 

 

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