En este quinto día de excavaciones, las diligencias continúan sin mayores contratiempos. Fue asimismo un día de importantes reflexiones sobre el sentido de las excavaciones y los datos que las respaldan, mismos que son fundamentales para el éxito de una diligencia de este tipo.

La zona 2 de excavación ha sido definitivamente descartada, debido a que se comprobó que no hay alteraciones en el subsuelo más allá de las causadas por la compactación del terreno y otras irregularidades presentes en el subsuelo.

Por su parte, en la zona 1 se excava sin ningún resultado relevante. Peor aún, las anomalías detectadas por el georadar son una acumulación de rocas, raíces de árboles y otras alteraciones naturales que no tienen relevancia alguna para la excavación.

Estos resultados infructuosos llevaron al final del día a una discusión de los familiares con los peritos en relación a la utilidad del georadar. ¿Para qué es relevante un aparato de este tipo que detecta todo tipo de anomalías en el subsuelo y que distrae de esta forma el objetivo de la investigación, que es dar con el paradero de personas desaparecidas? La utilización georadar o cualquier herramienta de tecnología de este tipo, es únicamente un elemento más dentro de la cadena de actuaciones que comprehenden una investigación bien construida. Sirve únicamente para verificar si en efecto se encuentran indicios que resultan de una investigación previamente construida, no para buscar anomalías al azar en el subsuelo y sobre las cuales se realiza una excavación; o si no al azar, con muy pocos datos que corroboren la existencia de indicios.

Desafortunadamente, en el caso de la investigación del caso Rosendo Radilla Pacheco, vemos claros ejemplos de las falencias en la forma en que se llevan a cabo investigaciones criminales en México. A fin de corroborar la viabilidad de las zonas a excavarse en esta ocasión, se debió haber hecho un estudio de la evolución en la arquitectura y los suelos del ex Cuartel Militar de Atoyac. Esto hubiera llevado a descartar rápidamente la excavación en lugares como la zona 2, en donde las alteraciones en el suelo realizadas con anterioridad a la desaparición de Rosendo Radilla rápidamente hubieran llevado a concluir que hubiera sido altamente improbable que alguien hubiera sido inhumado en forma clandestina en dicho lugar.

A pesar de la frustración de los familiares por la realización de investigaciones incompletas para la búsqueda de sus desaparecidos, ha sido motivador ser testigo de la tenacidad de su lucha. Un familiar mencionó el comentario que algún funcionario irresponsable le externó en el pasado: “¿porqué te sigue importando la desaparición de tu familiar después de 40 años?”.

La respuesta para los familiares y para los defensores de derechos humanos que los acompañamos es obvia, pero siempre vale la pena recordarla: la desaparición forzada de personas deja duelos inconclusos y tremendos sentimientos de frustración ante el aplastante abuso de poder del Estado. El dolor de tener un familiar cercano desaparecido es algo que se nota como una cicatriz en el rostro, algo sobre lo cual valdría la pena sensibilizar a la sociedad mexicana en general, dado el elevado número de desaparecidos que tristemente hay en México hoy en día.

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