Día 12, último día de diligencias, jornada de cierres y despedidas, tristezas y compromisos. La actividad comienza desde temprano, con los preparativos para el taller final, el que se realiza al aire libre, en un espacio amplio bajo varios árboles de mango, en la parte de atrás de las oficinas de AFADEM. Ahí mismo, a un costado del área destinada al taller, los familiares montan una cocina improvisada en la que, paralelo a los trabajos, se cocinará la comida para la convivencia de despedida.

Los asistentes van llegando poco a poco y, mientras al inicio del taller alcanzan a ser cerca de 40 personas, pasadas un par de horas el grupo alcanza los 60 familiares. El trabajo, de casi 4 horas, se enfoca en tres grandes ejes: hacer una evaluación general de las diligencias, entregar elementos básicos sobre investigación antropológica forense y dar un cierre colectivo al proceso de elaboración de las mantas.

Desde el comienzo las reflexiones y conclusiones de los familiares son claras, los días que han pasado han estado llenos de dulce y de agraz, lo que se evidencia tanto en las intervenciones como en las mismas mantas.

Por un lado, todos coinciden en lo enriquecedor que ha sido la asistencia diaria a la AFADEM, la convivencia entre todos, el compartir los trabajos, las historias, la memoria, el estar juntos renueva las energías y les permite continuar con la lucha. Es conmovedor y al mismo tiempo revitalizante poder ser parte de estos espacios y presenciar como, por sobre el dolor y el cansancio, los pobladores de Atoyac sacan fuerza del recuerdo y del profundo amor por sus desaparecidos.

Son estos espacios, también, en que los familiares siguen demostrando a quienes se llevaron a sus seres queridos, al Estado y sus autoridades que no los han vencido y que a pesar de los años no cejarán en su búsqueda; a través de esto, son ellos mismos, los familiares, quienes nos enseñan a nosotros al recordarnos la importancia y la fuerza de las lecciones más básicas: no perder la humanidad, la capacidad de reír, de compartir, el amor al prójimo, el respeto por el otro, la unión, el compromiso, la perseverancia, la justicia… la dignidad.

De todo esto están llenas las mantas que, ya unidas en dos grandes tapices, estremecen a todos y todas al observarlas juntas por primera vez, para varios es la más clara representación de la AFADEM y de lo que ha sido esta lucha, emociones, pensamientos, diferentes colores y formas, una serie de historias individuales y familiares que, una a una, han ido aportando desde sus diferentes posiciones a la construcción conjunta de un proceso colectivo.

Por otro lado, no deja de estar presente la parte amarga, el coraje, la frustración, la impotencia, el reclamo justo contra las autoridades, que hasta el momento no han logrado responder a la altura. Para los familiares queda claro que no se ha hecho lo necesario, que ha habido avances, sí, pero estos han sido más de forma que de fondo, que las investigaciones continúan siendo débiles, que el trabajo ha sido deficiente y que los funcionarios cumplen con sus calendarios pero han perdido de vista el objetivo real: encontrar a los desaparecidos y visibilizar la verdad histórica de lo sucedido.

En las distintas intervenciones el mensaje es el mismo, están cansados de la actitud “para la otra”: “para la otra diligencia tendremos más claridad”, “para el próximo año esperamos que haya más datos”, como si el tiempo fuera infinito; son los mismos familiares los que nos dicen con cada vez mayor frecuencia “nosotros ya no tenemos más tiempo, nos estamos empezando a morir, quién sabe ‘para la otra’ cuántos quedaremos”. Aún así, la fuerza no disminuye y la esperanza de encontrar a sus seres queridos se mantiene, aunque cada año se ve un poco más golpeada.

Durante la comida, preparada con especial atención por los mismos familiares, por fin pudimos gozar de un tiempo libre para convivir y reír y, aunque el término de la diligencia fue especialmente pesado para las hermanas Radilla por una serie de dificultades técnicas y organizativas, en las últimas horas de nuestro viaje pudimos sentir un ambiente más distendido entre todos/as los/as presentes.

Al final del día la despedida, una despedida que para todos/as deja también un sabor dulce y amargo. Por una parte la tristeza de la partida y la vuelta al día a día, el desgaste, la desilusión; por otra, el cariño, las palabras de aliento, agradecimientos mutuos. Un nuevo cierre sin resultados positivos, para los familiares un nuevo periodo de latencia hasta quizá cuándo, para el equipo acompañante el compromiso de no permitir que esa latencia pase inadvertida y sin actividad.

Para todos/as, para las organizaciones, la sociedad y el Estado un nuevo/viejo desafío, el de no dejar que lo sucedido quede en el olvido, el de recuperar la memoria histórica y el de exigir a las autoridades que cumplan con su deber, manteniendo la esperanza de vencer la impunidad y un día de estos, ojalá, encontrar a los desaparecidos y poder regresarle a los familiares esa paz que llevan esperando casi 40 años.

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