¿Cómo sucede?

Imagina que un día cualquiera vas caminando a la casa de un amigo cuando de pronto te detienen 4 policías federales. Sin mediar palabra te atan las manos hacia atrás, te ponen esposas y te vendan los ojos para que no veas nada. En el trayecto hacia la comandancia de policía, te golpean y te amenazan con una pistola. En la comandancia pides un abogado, pero te lo niegan. Inicia un largo interrogatorio en el que mencionan a personas que no conoces, los policías dicen que “eres parte de un grupo delictivo”. De aquí en adelante las cosas empeoran, te ponen un trapo en la boca y le echan agua sin dejarte mover. Los golpes continúan durante varias horas, hasta que sientes las costillas rotas. Pasas tres días retenido en ese lugar.

Eventualmente te llevan por un certificado médico. Bajo amenaza de continuar con las golpizas los policías te ordenan decirle al médico “que te caíste”. Antes de trasladarte a una agencia del Ministerio Público Federal, te entregan los objetos que supuestamente traías contigo: un par de cartuchos, bolsas con cristales blancos y un arma de fuego. Eres procesado y te dictan sentencia por portación ilegal de armas de fuego y posesión de cartuchos de uso exclusivo del Ejército, Armada y Fuerza Aérea, y contra la salud en la modalidad de posesión de metanfetamina. Este par de párrafos está basado, muy a grandes rasgos, en una recomendación por tortura emitida por la Comisión Nacional de los Derechos Humanos en 2019 y debería parecerte alarmante sobre todo por dos cosas. Primero, por lo aleatorio: basta transitar por una calle para pasar por una terrible experiencia de dolor, angustia e incertidumbre. Segundo, porque los policías que detuvieron y torturaron a esta persona, originalmente investigaban un secuestro. Al torturar e incriminar a una persona inocente, contribuyeron a que el delito quede impune

Por lo regular hablamos de tortura cuando estamos ante un acto (o varios) en el que se inflige dolor físico o psicológico a una persona para obtener una confesión o castigarla. Según, la Suprema Corte de Justicia de la Nación: “se está frente a un caso de tortura cuando: i) la naturaleza del acto consista en afectaciones físicas o mentales graves; ii) éstas sean infligidas intencionalmente; y iii) tengan un propósito determinado, ya sea para obtener una confesión o información, para castigar o intimidar, o para cualquier otro fin que tenga por objeto menoscabar la personalidad o la integridad física y mental de la persona”. ¿En qué momentos se tortura?

La magnitud de la tortura en México ha sido documentada y reportada internacionalmente, el entonces Relator Especial de la ONU, Juan Méndez, declaró con motivo de su visita en 2014 que la tortura era una práctica generalizada en el país. ¿A qué se refería con generalizada? A que se trata de algo que las autoridades hacen de forma regular.

De acuerdo con la ENPOL (2016), una encuesta del INEGI en la que se preguntaba a las personas privadas de la libertad por las condiciones en que fueron arrestadas y el trato que recibieron de parte de las autoridades a lo largo de su detención y estancia en el Ministerio Público, un gran número de personas sufrieron amenazas, patadas, puñetazos, golpes con objetos, abuso sexual, desnudez forzada, quemaduras, descargas eléctricas y muchas otras cosas más. Si tomamos estos datos y seguimos el criterio de la SCJN y consideramos que una persona fue víctima de tortura cuando afirma al menos una vez haber sido sujeta a alguna estas acciones por las autoridades, durante el arresto, traslado y estancia en el Ministerio Público, podemos generar un sankey como este:

Esta gráfica muestra la cantidad de personas que declararon haber sufrido al menos algún tipo de agresión que constituye tortura a lo largo de su detención. Las columnas de izquierda a derecha muestran la cantidad total de personas torturadas durante su arresto, traslado y estancia en el Ministerio Público. En este caso nos interesan sólo las respuestas de la gente que explícitamente dijo que las autoridades sí le hicieron algo (color rojo). En gris se muestra el resto de las respuestas (que incluyen las negativas, y los “no sabe”/”no responde”).  Si colocas el cursor sobre la primer barra, verás que de acuerdo con la ENPOL, alrededor de 23,194 personas dijeron haber sufrido al menos una acción que constituye tortura durante el arresto, 34,243 durante el traslado y 28,230 durante su estancia en el Ministerio Público.