Por Daniel Joloy Amkie *

Cerca de cuatro décadas atrás, durante los años de la llamada ‘guerra sucia’ en que la desaparición forzada fue utilizada en nuestro país como una práctica sistemática del Estado para eliminar a la oposición y mantener así control sobre la sociedad, comenzó la lucha de una familia por dar con el paradero de su padre, quien fue desaparecido por miembros del Ejército el 25 de agosto de 1974.

A sus 22 años de edad, Tita Radilla, acompañada de sus hermanas y su hermano, iniciaron la búsqueda incansable de su padre Rosendo Radilla, quien fuera cafeticultor y ganadero, así como dirigente campesino en Atoyac de Álvarez, en el estado de Guerrero. Son ya más de 37 años de que fuera desaparecido y su familia aún desconoce los pormenores de la desaparición de su padre, su paradero y los responsables de este crimen atroz.

Durante todos estos años, Tita ha luchado en contra de la desaparición forzada de personas a pesar de la inexistencia de mecanismos adecuados en nuestro país para garantizar su debida investigación y sanción. Ello la llevó, junto con otros familiares de personas desaparecidas, a crear la Asociación de Familiares de Detenidos-Desaparecidos y Víctimas de Violaciones de Derechos Humanos (AFADEM), organización de la sociedad civil que impulsa el esclarecimiento de todas las desapariciones forzadas cometidas durante la Guerra Sucia, de las cuales más de 450 se registraron en la ciudad de Atoyac.

Debido a la falta de acceso a la justicia y la inexistencia de un recurso efectivo que le permitiera a Tita y su familia dar con su padre, decidieron llevar el caso ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en el año 2001, la cual, tras la falta de una respuesta efectiva por parte de las autoridades mexicanas, interpuso el caso ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CoIDH), quien dictó sentencia condenatoria en el mes de noviembre de 2009 en contra del Estado mexicano por la desaparición forzada de Rosendo Radilla Pacheco, así como por diversas violaciones a los derechos humanos cometidas en agravio de sus familiares.

Esta sentencia ha tenido una gran trascendencia no solamente para la familia Radilla, sino también para otros familiares de personas desaparecidas, así como para el país en su conjunto. A dos años de que la sentencia fue emitida, ésta facilitó la discusión de diversas temáticas de gran relevancia al interior de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN). Como resultado, se impulsaron una serie de cambios y avances importantes en la historia jurídica mexicana, tales como la obligación de todas las y los jueces del país a aplicar el control de convencionalidad, así como la prohibición de la aplicación del fuero militar en casos de violaciones a los derechos humanos en que se encuentren involucrados civiles.

La labor incansable de Tita Radilla ha sido fundamental para visibilizar la realidad de cientos de familias en Atoyac de Álvarez, Guerrero, quienes al igual que la familia Radilla, continúan sin conocer el paradero de sus familiares. Su gran dedicación y su trabajo constante en la defensa de los derechos humanos llevó a la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal a otorgarle el premio “Ponciano Arriaga 2011” en la categoría de “Lucha y Defensa por los Derechos Humanos”. Asimismo, el pasado 21 de noviembre la organización internacional de derechos humanos,Brigadas de Paz Internacional (PBI, por sus siglas en inglés), le entregó en Londres un reconocimiento por su valentía y compromiso con la defensa de los derechos humanos en México.

Sin embargo, ninguno de estos premios representan el fin de su lucha por la justicia y la verdad, tanto en el caso de la desaparición de su padre como de tantas otras personas más. A más de dos años de que la Corte Interamericana condenó al Estado mexicano por este caso, las autoridades continúan sin dar cumplimiento cabal a la sentencia. Resulta particularmente preocupante la actitud que tomó el Estado para la realización del acto público de reconocimiento, el cual impuso de manera unilateral y condujo sin la presencia de los familiares. Asimismo, es de preocupación la decisión de consignar los fondos destinados a la reparación del daño determinados por la Corte Interamericana, exigiendo a la familia iniciar de nueva cuenta trámites judiciales innecesarias que además tendrían un efecto revictimizante.

Deseamos por ello dedicar estas palabras a Tita Radilla, incansable luchadora a favor de los derechos humanos en México. Su labor ha permitido renovar las esperanzas de tantas personas que buscan encontrar la verdad y alcanzar la justicia. Su lucha es inspiración y motivación para quienes nos encontramos día a día luchando a su lado por la vigencia y el respeto de los derechos humanos en nuestro país.

* Coordinador del Área Internacional de la CMDPDH

Share This

Comparte

Comparte este post en tus redes.

Shares
A %d blogueros les gusta esto: