El sexto día de excavaciones marca la mitad del tiempo programado para la cuarta excavación realizada en el marco del cumplimiento de la sentencia dictada por la Corte Interamericana de Derechos Humanos en el caso Rosendo Radilla Pacheco vs. Estados Unidos Mexicanos. La falta de una investigación seria de fondo no ha permitido que esta excavación revele algún indicio sobre el paradero de Rosendo Radilla o de alguno de los más de 500 desaparecidos en esta región del estado de Guerrero, víctimas de crímenes de Estado en la década de los setenta.

Este día inicia con la conmemoración de la semana del detenido-desaparecido a nivel mundial, la cual tiene una especial significación en la ciudad de Atoyac de Álvarez. Académicos expertos en el tema de la Guerra Sucia, provenientes del Distrito Federal y de otras partes de Guerrero, acuden a la “Ciudad de los Servicios”. Antes Cuartel Militar de Atoyac, en este lugar de ignominia los detenidos en la Guerra Sucia entraban a un limbo que generalmente concluía en su desaparición forzada. Los familiares de desaparecidos eligieron el auditorio de dicho lugar para la presentación del libro “Desaparición forzada y terrorismo de Estado en México. Memorias de represión de Atoyac, Guerrero, durante la década de los setenta”. Una de las coautoras de este libro, la difunta Andrea Radilla Martínez e hija de Rosendo Radilla Pacheco, dio un gran impulso durante su vida y desde la academia para la investigación de la Guerra Sucia sobre el contexto que hizo posible la tremenda represión del Estado en aquella época.

La presentación del libro dista de ser un evento meramente académico. Es un ejercicio de reconstrucción de la memoria histórica en el lugar de los hechos, teniendo como testigos a los familiares de los desaparecidos, a quienes se entregaron reconocimientos por parte de organizaciones de la sociedad civil por sus años de lucha en búsqueda de la verdad y la justicia. Después de décadas de recibir nada más que desdén, insultos y amenazas por actores estatales y buena parte de la sociedad mexicana, es muy emotivo el gesto de agradecimiento a estas valientes personas, que a pesar del viento en contra y del paso de los años, no han cesado de exigir justicia ni de esperar el regreso de sus seres queridos.

Terminando la presentación, académicos, activistas y familiares de desaparecidos nos reunimos en la Ciudad de los Servicios, para iniciar un ejercicio de renombramiento de las calles y plazas de Atoyac con el nombre de las personas desaparecidas. Al grito de “¡Desaparecidos, presentación!”, un centenar de personas comenzamos a caminar por las calles de Atoyac; un contingente relativamente pequeño en número, pero que logra llamar la atención de una ciudad que cuenta con unos pocos miles de habitantes. A la par, alumnos activistas de la Universidad Autónoma de Guerrero recitan poesía sobre los desaparecidos.

A la mitad del recorrido de la marcha, comienza un chubasco que marca el inicio de la temporada de lluvias en la zona. Aunque dificulta el ejercicio de renombramiento de calles, la caída de agua no impide que el grupo compuesto principalmente por familiares, a su vez conformado en su mayoría por personas de la tercera edad, continúen su camino hacia el centro de Atoyac. El agua se siente purificador; mientras caía, abría surcos por donde pudiera salir el dolor de las personas que siguen sin saber lo que pasó con sus seres queridos.

Completamente empapados, llegamos a la plaza central de Atoyac, ahora denominada “Plaza de la Memoria”. A un lado del monumento en honor a Lucio Cabañas Barrientos y de la placa en memoria de Rosendo Radilla Pacheco, en un lugar en el que aún se respira historia viva, los familiares y quienes los acompañamos nos reunimos una última vez, bajo una lluvia torrencial, para al unísono gritar “¡HASTA ENCONTRARLOS!”, cada vez que un familiar gritaba el nombre de su desaparecido.  Mientras, el agua se confunde con las lágrimas, lo que no impide ver las miradas llenas de dolor, pero también de esperanza de que algún día se logre la verdad y la justicia que esta gente busca con tanto ahínco y que tanto merece.

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